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Promesa en soledad

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  Si alguna vez no te hallo en mi memoria, si alguna vez te evades del recuerdo; construiré una carretera de sentimientos desde mis ojos al alma... Y allí estaré, entre los vetustos y férreos muelles de mi vida; entre los barcos que olvidaron el mar y la rotunda soledad de las goletas viejas, Estarás como silenciosa y muda, como un certamen de albas gaviotas que pespuntan los cielos, Y llegaré a ti, como pescador que vuelve lento desde las afueras del mar; llegaré con mi red huérfana de peces, sin un solo cantar... Llegaré aglomerado de lágrimas en los ojos y el corazón frío y amortajado de soledad... José Alfredo Hernández Perfecta ausencia Ed. Losada Bs. As. 1956

“Saludo del alba”

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Prólogo de Diario de un poeta recién casado (1916) De Juan Ramón Jiménez (1881-1958) ¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino un sueño y el de mañana es solamente una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, de este día! (Del sánscrito.)

Happy New Year

Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres. Julio Cortázar, 31/12/1951

Legado

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Cuando me vaya, en un rincón del sótano hallarán un arcón viejo de roble con el modesto saldo de mis bienes, mi legado de trastos exento de tributos. Nunca guardé por más de una semana cartas de amor, tarjetas con ausencias, números de teléfono, fotografías; no encontrarán ninguna flor ajada en las vetustas páginas de un libro ni servilletas sucias con poemas. En el baúl de avíos ya sin uso hay un par de zapatos de charol que llevaban mis pies para encontrarte (nadie se enterará de que eran alas); algunas joyas falsas, relucientes, como mis ojos cuando te veía; ropas fuera de moda en donde no verán -porque no son visibles los recuerdos- la impronta de tu abrazo en mis vestidos. Tania Alegría- Brasil (del libro "InVerso", 2008)

Si preguntan por mí

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Si preguntan por mí... diles que salí a cobrar la vieja deuda que no pude esperar que a la vida se le diera la gana de llegar a mi puerta. Diles que salí definitivamente a dar la cara sin pinturas y sin trajes el cuerpo. Si preguntan por mí... diles que apagué el fuego, dejé la olla limpia y desnuda la cama, me cansé de esperar la esperanza y fui a buscarla. Diles que no me llamen... Quité el disco que entretenía en boleros el beso y el abrazo la copa estrellé contra el espejo porque necesitaba convertir el vino en sangre ya que jamás se dio el milagro de convertirse el agua en vino. Si preguntan por mí... diles que salí a cobrar la deuda que tenían conmigo el amor, el fuego, el pan, la sábana y el vino, que eché llave a la puerta y no regreso. ¡Definitivamente diles que me mudé de casa! Beatriz Zuloaga http://amediavoz.com/zuluaga.htm

Promesa en soledad

Si alguna vez no te hallo en mi memoria, si alguna vez te evades del recuerdo; construiré una carretera de sentimientos desde mis ojos al alma... Y allí estaré, entre los vetustos y férreos muelles de mi vida; entre los barcos que olvidaron el mar y la rotunda soledad de las goletas viejas, Estarás como silenciosa y muda, como un certamen de albas gaviotas que pespuntan los cielos, Y llegaré a ti, como pescador que vuelve lento desde las afueras del mar; llegaré con mi red huérfana de peces, sin un solo cantar... Llegaré aglomerado de lágrimas en los ojos y el corazón frío y amortajado de soledad... José Alfredo Hernández Perfecta ausencia Ed. Losada Bs. As. 1956